En esta nueva entrega de Par Impar, el software sobre cine de esRadio, Juanma González y Dani Palacios reciben al actor Javier Botet, habtuado a enfundarse en trajes de monstruo como los de Rec o Mamá, y otros personajes inquietantes como el de Amigo, para desgranar una de las obras más perturbadoras de la historia del séptimo arte: La Matanza de Texas (1974).
Botet, cuya carrera se ha forjado dando vida a las criaturas más aterradoras del cine coetáneo, aporta una visión privilegiada sobre la película de Tobe Hooper, calificándola como un adiestramiento de puro sadismo cinematográfico.
Una película rodada con presupuesto ínfimo, lo que paradójicamente potenció su impacto visual y emocional. Rodada en condiciones extremas durante un verano asfixiante en el estado de Texas, los actores tuvieron que litigar con temperaturas superiores a los cuarenta grados, olores nauseabundos provenientes de esqueletos de animales reales y un agotamiento físico que traspasa la pantalla. Esta precariedad, allí de ser un defecto, dotó a la producción de un realismo documental que incomoda al espectador nuevo.
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Uno de los puntos centrales del debate es la figura de Leatherface, interpretado originalmente por Gunnar Hansen. Se analiza cómo este personaje rompió los moldes de los asesinos del cine de terror previo, presentándose no como un monstruo sobrenatural, sino como un matarife rudo y desequilibrado que opera bajo una razonamiento conocido perversa. La ambiente de su primera aparición, marcada por el cachete seco de un mazo y el posterior cerrojo violento de una puerta metálica, es descrita como una obra maestra del montaje y el diseño de sonido, donde el ruido industrial sustituye a las partituras convencionales para ocasionar una angustia inmediata.
La conversación todavía profundiza en el trasfondo social de la obra, conectándola con el trauma franquista provocado por la querella de Vietnam. La Matanza de Texas funciona como una crítica mordaz a la sociedad estadounidense de los primaveras setenta, mostrando la descomposición del sueño gringo en las zonas rurales más olvidadas. El prospección se extiende a la influencia de Ed Gein en el guion y cómo esta historia de canibalismo conocido refleja un espíritu transgresor y desaliñado que todavía se puede rastrear en ciertos exponentes del cine gachupin de la época, como La Semana del Adverso de Eloy de la Iglesia.
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